Portugal
Los bañistas jugando al fútbol en una playa portuguesa se nos ofrecen ahora como diminutas figuras de un ballet crepuscular. Ese viejo portugués sentado en el muelle, tocado con una parpusa, nos da la espalda mirando absorto el Tajo. De no ser porque no lo ha visto, podría tomarse por un homenaje de Baylón al Bruno Ganz que también nos daba la espalda en las primeras tomas de En la ciudad blanca, el hermoso tributo a Lisboa de Wim Wenders. Igualmente hipnotizado por la fatal neblina del horizonte atlántico. El fotógrafo, tantas veces, no mira a sus personajes, sino a su través.
Quico Rivas