Primer cuadernillo póstumo del Baylón

Es una alegría que quien primero le publicó en vida a Baylón, Mauricio D´ors, haya sido también quien ha editado también su primer cuadernillo póstumo, en concreto el Nº13 de la colección CUADERNOS DE FOTOGRAFÍA ESPAÑOLA. Reproducimos aquí el prólogo escrito por Tyra y algunas imágenes que podrás encontrar dentro.

Baylón, versión bestia

Será este cuadernillo entre tus manos, lector, el primero en publicarse tras la muerte de la bestia que fue mi padre, mi adorado Luis Baylón. Qué triste se me hace escribir algo sobre él o sus fotos sin oír su comentario, crítica o aliento, aparte de lo que note que él me dicta (¡tanto!), y qué tortuoso asumir que así será ya hasta que muera yo. Podría éste no parecer el tema, pero ¿acaso no dicen que lo es siempre?: lo que de nosotros queda, lo que acordamos, lo que obviamos; el manual que vamos perfilando mientras estamos para que otros alberguen nuestro recuerdo.

La rareza de las bestias es que hacen esto de natural: aceptan en cada aplomo su término, toman distancia de cualquier gravedad sabiendo su fin, hacen lo que quieren sin darle mayor importancia y, al llegar, se manejan con la muerte con el mismo humor que manejaron en vida, con bondad y generosidad genuinas, atentas al dolor y al amor propio y ajeno. «He vivido muy bien y he disfrutado mucho» consolaba al personal, médico o visitante. Ver vadear así la muerte a quien quedaría tanto y querría tanto más en este suelo cierto es quizá lo más jondo que vivimos, pero también la forja de la memoria que somos y que por cierto seremos.

Que una tanda de retratos de perros y gatos sea lo que me pide Mauricio prologar ahora me permite redundar algo más sobre el tema. Porque en esto de morirse cualquier bestia nos amaestra; ninguna desea morir (todo lo que vive quiere vivir,) pero andan como descuidaos al respecto, en un justo medio imposible, sin hacer del drama comedia, ni del intelecto un muro insondable y terco. Como no se rigen por el principio aristotélico, no sufren contradicción alguna en saberlo y no saberlo, y viven así como si fueran a vivir siempre, y yo creo que nos gusta tenerlos al lado entre otras cosas porque algo de esto se nos pega.

Gatos y perros son bestias, aunque, por lo mismo, a fuerza de tenernos al lado lo parezcan solo a veces. De los gatos nos gusta su elegancia, independencia, extravagancia, fiereza, ese pelito gustoso al borde de uñas bien afiladas que resume buena parte de sus vicios y virtudes. Baylón era todo un gato en esto como ya dijo Barba en su día. Pero también era bastante perro en lo de la imprudencia, la lealtad, la fragilidad entre colmillos o la adhesión incondicional a toda causa festiva, o en eso que hacen de contar su asombro, pena o miedo con una mirada (o imagen). Si toda ficción es auto-ficción, todo retrato es un autorretrato: de ahí que Baylón se haya visto y nos haya visto en la mendiga y en la señora y en el par de dos, pero también en ese gato entre rejas o en aquél perro que algo espera desde su balcón. Nos hace vernos en ellos y en nuestros vínculos con ellos. Es Baylón en su versión perro y gato, una de las muchas pulgas de la bestia que ya dijo Tallo que fue y vuelve a ser cada vez que nos reconocemos en sus fotos. Así que de la memoria de la bestia nos quedan muchas cosas, también estas bestezuelas inmortalizadas, y su muerte y la larga vida que junto a él nos espera. ¡Que viva siempre la bestia!

Cuadernillo póstumo