[…] A partir de entonces, veía pintadas por doquier. Empecé a acumular una variopinta serie nueva. Tenía material, de eso estaba seguro, pero nunca lo había relacionado tan nítidamente con mis retratos. No hacía grafitis de autor, de esos de colorinchis, ni proclamas, ni firmas, sólo me interesaban los anónimos, de un trazo negro o blanco, sórdidos o alegres, pero espontáneos, raros y exclusivos, de aquí o de acullá. […]